Vuelve a aparecer la abeja más grande que creíamos extinta

La entomología es la rama de la ciencia especializada en el estudio de los insectos. Y una buena noticia ha llegado para este campo de la ciencia para este año. Después de más de treinta y seis años de haber sido catalogada en extinción, la abeja más grande del mundo ha dado prueba de estar aún viva.

Esta es una de las especies más interesantes de insectos que existen en el mundo. Una de las abejas que dejó de estar a la vista desde el año de 1981. El último entomólogo en observarla fue Adam Messer. Quien logró identificarla en un día de lluvia en un bosque de Indonesia.

Pero ahora, un equipo de científicos internacionales ha tenido la suerte de volver a identificar a esta especie. En este redescubrimiento participó Simon Robson, quien hace parte de Escuela de Ciencias de la Vida y el Medio Ambiente de la Universidad de Sidney. Junto con otros profesionales, y el fotógrafo Clay Bolt, se pudo identificar a la abeja Wallace.

Wallace: una de las abejas más grandes del mundo

Sí, este es el nombre que posee la abeja más grande del mundo. Ya que rinde honor a Alfred Russell Wallace, quien fue el biólogo británico que la descubrió, al mismo tiempo que en el momento se terminaba de gestar de la teoría de la evolución de Charles Darwin.

Entre otros de los profesionales que hicieron parte del descubrimiento se encuentra Glen Chilton y Eli Wyman. Este grupo de entomólogos se encontraba recorriendo las Molucas Septentrionales en la misma Indonesia. ¿Su misión? Realizar un registro de la zona para verificar si aún quedaban rastro de especies que hasta entonces se consideraban en extinción.

Este proyecto se encontraba liderado por el fotógrafo Clay Bolt y Ely Wyman; este último hace parte del Museo Americano de Historia Natural. Gracias a la gestión de Clay Bolt, la Global Wildlife Conservation incluyó a las abejas Wallace dentro de la lista de las 25 especies más buscadas.

Al convencerlos, Clay Bolt se ganó la autorización para iniciar su búsqueda en Indonesia.

Retorno a su hábitat

Y ¡voila! tras cinco días de búsqueda, el grupo de profesionales logró dar con una hembra de la especie Wallace. Esta hembra se encontraba dentro de un nido de termitas. Este tipo de nido se encuentra generalmente en los arboles dosel, ya que las abejas Wallace suelen aprovechar la savia de estos mismos para formar sus nidos. Para ello hacen uso de sus sofisticadas y poderosas mandíbulas.

Las abejas poseen un amplio número de tipos de especies. Desde que fue descubierta esta abeja en el año de 1958, generó gran expectativa dentro del mundo científico. El problema es que poco logró documentarse sobre su existencia, en tanto se tenían muy pocas especies capturadas.

Y luego, fueron catalogadas en extinción. En la época de Wallace, este investigador y biólogo británico poca atención le prestó a dicho tipo de abejas, ya que por entonces existían alrededor de unas 1.000 especies recién descubiertas, tal como afirma Clay Bolt.

Por entonces, Wallace lo único que dejo en claro sobre esta especie de abejas es que poseía un tamaño casi igual de grande al de un dedo pulgar. Además logró identificar que sus mandíbulas eran igual de a las de un escarabajo ciervo volante.

Pasaron 150 años para documentar su existencia

De manera que el equipo de profesionales en entomología decidió volver a la zona en que fue descubierto por primera vez este tipo de abejas. Un escenario, que tal como lo indicó Bolt, permanecía inalterado por el paso del tiempo. En esta ocasión se ha logrado identificar que el tamaño de las alas, medidas de extremo a extremo, puede alcanzar un total de 6 centímetros.

Muy a pesar de la buena noticia que supone el conocer que esta especie de abejas no está extinta, se tiene en claro que igualmente está en riesgo de extinción debido a la constante tala de árboles para crear mayor espacio para la agricultura.

Se espera que la promoción sobre el reciente hallazgo permita que se genere un mayor compromiso por conservar el hábitat de esta especie.