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SALUD

Señales de que te estás haciendo viejo sin querer

Generalmente, la llegada de la vez es asociada a las arrugas. Te sitúas frente a un espejo y entonces percibes que tu rostro esta surcado de líneas y más líneas, como una clara evidencia de que ya tienes más de 40 años. Sí, esa es la edad, según estudios, en la que los síntomas de la vejez comienzan.

Aunque claro, hay que confesarlo, en algunas personas los síntomas de la vejez llegan un poco antes. Y los síntomas no siempre están asociados a estos surcos que aparecen en tu rostro. Hace muy poco, el actor Hugh Gran anunció en Twitter que consideraba que el volumen del cine era muy alto.

Una apreciación que para muchos no tuvo importancia, pero que otros medios si tildaron como uno de los síntomas naturales de que el actor empezaba a sentir los síntomas de la vejez. En un primer momento, pensarás que no tienen ninguna relación, pero realmente sí la existe.

Los hábitos que te delatan

Existen muchos síntomas que pueden delatar que vas ingresando a ese territorio al que inexorablemente se dirige toda la humanidad. Y en esta ocasión te vamos a brindar algunas pautas a considerar. Ya quedará en tu nivel de honradez hasta qué punto aceptas si estás o no en la vejez.

Molestias

Uno de los primeros síntomas a destacar son esos pequeños acontecimientos de la vida cotidiana que parecen perturbarte demasiado. Un ejemplo de ello es el ruido que puedes experimentar en una sala de cine, tal como le ocurrió a Hugh Grant. Tu sentido de habitar el mundo es ahora más sensible.

Por lo que es normal que tu nivel de humor se altere con eventos como las risas enlatadas de una serie de televisión o el ruido de las palomitas, hasta el punto que lo que denominas tu “deber moral” te obligará a buscar al culpable de dichos ruidos para ajusticiarlo.

¿Te has dado cuenta también que las películas ahora te parece muchísimo más largas?

Las fechas

Por otra parte, uno de los síntomas más notables de tu vejez se ve reflejado en el modo en que asumes las fechas tradicionales. Llega la Halloween, Navidad o Año Nuevo y para ti son fechas que ya tienen una enorme antigüedad, tanto así que para ti han perdido su esencia.

Se trata de un disgusto que evidencia que la vejez te ha enseñado a percibir lo repetitivo o la circularidad de eventos que predominan en la vida. Haces el esfuerzo por salirte de ese “círculo vicioso”, pero lamentablemente no puedes salir de ahí. Y es justo ahí donde la vejez te enseña a resignarte.

Acudes a la calma y el silencio

Seguramente también habrás percibido que ya no te resultan para nada emocionante las aglomeraciones. Ahora el ruido y el exceso de diversión te parece algo demasiado pesado para tu mente. ¿A dónde se fueron esos años en los que tu cuerpo buscaba intensamente adrenalina?

Ahora prefieres el silencio. La vejez te ha enseñado a valorar la calma y el poder reflexionar sobre lo que ocurre en tu vida. Son hábitos y síntomas que buscan ayudarte a madurar tu visión del mundo, ahora que entiendes que sigues avanzando hacia una etapa irremediable.

Esta calma siempre tendrá mucho por ofrecerte. La contraparte está en que empiezas a perder ciertas emociones y la necesidad de mantenerte activo.

La iluminación

En este caso no te hablamos de que hayas llegado a un nivel de iluminación derivado de la calma y el silencio. En este caso te hablamos del síntoma derivado de tu nivel fotosensible. Ahora resulta que cuando decides leer un libro, tienes que ubicarte en un lugar menos luminoso.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué ahora cualquier nivel de luz te parece demasiado intenso? Se trata de un fenómeno derivado de los cambios oculares que llegan con la vejez. Tu cerebro además intenta focalizar más la información y la realidad, precisamente porque tienes un nivel de atención mayor.

Es por eso, que en tu interés por enfocarte en algo, tu cerebro tiende a reconocer más el nivel de la luz. Por ejemplo, cuando estás observando el menú que acabas de pedir en un restaurante.

La educación y la intolerancia

Otro de los fenómenos notables recae en tu compromiso con lo que debe ser “moralmente bien”. Ahora tienes una fijación muy fuerte por ser un ejemplo de modales y que los demás también lo protagonicen. Si alguien se sale de esa norma, sientes una profunda aversión por ello.

Que alguien suba el volumen de la música, ver los peinados extravagantes de los jóvenes, no aceptar las nuevas modas del siglo XXI, entre otros, logran impactar en ti, hasta desatar un nivel de fastidio. Ese cambio y ese deseo por ser un guardián de la moral, también develan lo oxidado que estás.

Es decir, ya no encajas con los valores de una sociedad. Lo que demuestra lo mucho que te ha seducido la vejez para fastidiarte con facilidad.

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