¿Por qué el hambre nos pone de mal humor?

Seguramente en más de una ocasión has notado que tu mal humor se ha incrementado considerablemente cuando tenías hambre. O si no te ha pasado a ti directamente, seguro que conoces a alguien que se pone un tanto irascible cuando su estomágo empieza a rugir. Tranquilo, no es que te estés volviendo como el Grinch, todo tiene una explicación científica. De hecho no es más que una reacción innata en todos nosotros. ¿Quién no ha escuchado a un bebé llorar cuando tiene hambre? Vale, lo hacen para llamar la atención y que les alimenten, pero también porque su estomágo vacío les vuelve más gruñones.

De hecho, es tan común que las personas cambien su estado de ánimo cuando tienen el estomágo vacío que hasta existe un término en ingés para definirlo: «hangry». Que no es más que la conjunción de hungry (hambriento) y angry (enfadado). Para entenderlo vamos a explicar que ocurre en nuestro organismo cuando tenemos hambre y como afecta esto a nuestro cerebro.

¿Por qué tenemos hambre?

Los alimentos que ingerimos son descompuestos por nuestro organismo en una serie de nutrientes, tales como los azúcares, proteínas, grasas, etc. De estos grupos de nutrientes, los azúcares, y más en concreto la glucosa, pasa a ser absorbida directamente por la sangre y se distribuye por todo nuestro en forma de energía inmediata para nuestras células.

La glucosa es la principal «fuente de energía» de nuestro cerebro. Su funcionamiento depende en gran medida del nivel de glucosa, ya que este nutriente es fácil de transportar y llegar hasta el cerebro. Por tanto un nivel de glucosa bajo en sangre, hace saltar todas las alarmas en nuestro organismo. El cerebro es el primero en detectar que algo no va bien, tiene menos energía para funcionar. Es en este momento cuando empiezan los problemas. Razonamos con más lentitud, nos cuesta concentrarnos y disminuye nuestra atención.

el cerebro necesita glucosa para funcionar

Además de estas señales que nos envía el cerebro. Cuando tenemos hambre sufrimos otra serie de señales más palpables, como puede ser los ruidos que hace nuestro estomágo. Muchas veces estos ruidos se vuelven muy molestos y pueden incluso causar dolor. También suelen ser bastante incómodos socialmente hablando, ya que en ocasiones pueden ser bastante audibles. Si te sucede estándo en clase o en el trabajo, quieres que te trague la tierra.

Estas señales por tanto hacen que nuestro estado anímico empiece a cambiar. Comenzamos a sentirnos malhumorados, nos convertimos en personas mucho más irascibles e irritables y no queremos interactuar con otras personas.

Cómo actua nuestro cerebro ante el hambre

Ante la bajada de glucosa en sangre, nuestro cerebro activa una serie de contra medidas. Estas señales que ordena nuestro cerebro van dirigidas a liberar hormonas que indican a nuestro organismo que tiene que liberar más azúcar en sangre. Y estás hormonas junto con la falta de energía son las realmente causantes del mal humor.

Entre las hormonas implicadas, tenemos el glucagón, que es la hormona encargada de metabolizar el glucógeno. Con esta hormona el cerebro pretende que el organismo empiece a quemar la reserva almacenada de azúcares. Después esta la hormona del crecimiento. Y por último tenemos la adrenalina y el cortisol. Estás 2 últimas son precisamente las hormonas que suelen actuar en episodios de estrés. Cuando una persona entra en situación de estrés, realmente su organismo se pone alerta porque sabe que algo no va bien. Son la adrenalina y el cortisol las causantes de que nuestro organismo envíe glucosa a los músculos, para disponer de la energía necsaria y para estar preparados ante situaciones de peligro.

segregacion de adrenalina y cortisol para combatir el estres

Además de estas hormonas del estrés, existe otra sustancia que participa en la regulación de grasas y que podría explicar nuestra rabia por no comer. Esta sustancia es el neuropéptido Y, que en determinados estudios se ha demostrado que personas que presentan altos niveles tienden a ser más agresivos.

Así que si en algún momento te sientes más agresivo de lo normal, intenta mejorar tu nivel de glucosa en sangre antes de tomar cualquier decisión o discutir con otra persona o tu pareja.

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