Los mayores mitos sobre las vacunas

Últimamente se ha escuchado en redes y otros medios, la aparición de legiones antivacunas. Se trata de un fenómeno que intenta desmitificar la razón de ser de la industria farmacéutica. Sus representantes sustentan que las vacunas no son nada fiables. Debido a que la finalidad de la industria farmacéutica simplemente está en comercializar unos productos médicos.

Los defensores de esta tesis develan una cantidad de ejemplos y situaciones para avalar su punto de vista. Esto ha originado que exista un amplio sector de personas que están poniendo en duda el valor de las vacunas. Se ha creado así una voz que se ha hecho cargo de llenar de mitos a un fenómeno que décadas atrás no era cuestionado.

Lo cierto es que sin el impacto positivo de las vacunas, muchos de esos defensores y animados abolicionistas de las vacunas, no estarían respirando el oxigeno de hoy en día. En esta ocasión vas a conocer algunos de los mitos más clásicos de los que promueven la causa de las anti-vacunas.

Vacunarse puede generar autismo

Un mito del todo falso y sin fundamento. Se trata de un mito que nace en el año de 1998, tras un estudio que fue publicado en la revista The Lancet. Dicho estudio, llevado a cabo por Andrew Wakefiled develaba que 12 pacientes habían desarrollado autismo, tras recibir la vacuna triple vírica. Es decir, la que ataca el sarampión, paperas y rubeola.

Lo cierto es que más tarde se descubrió que Andrew Wakefiled falseó la información. Para beneficiarse económicamente de una entidad que estaba al margen de dicha vacuna. El artículo de la revista The Lancet fue retirado después y se realizó un estudio para comprobar que las vacunas no pueden generar autismo a través de miles de niños.

Producen reacciones graves

Del todo falso. Es cierto que algunas vacunas pueden generar ciertas alergias. Pero no lo suficientemente como para ser fatales o crear reacciones irreversibles en el cuerpo humano. Los efectos secundarios que sí pueden generarse sería un poco de dolor local en la zona de la inyección, enrojecimiento cutáneo, fiebre o hinchazón. Pero no algo para alarmarse.

Producen otras enfermedades

Una idea bastante relacionada con la anterior. Pero, gracias a miles de estudios científicos se le ha podido afirmar a los líderes antivacunas que esta tesis no tiene fundamento. Una enfermedad como un cáncer no puede desarrollarse simplemente por una vacuna antigripal, por así decirlo.

No son necesarias, el cuerpo humano puede soportar las enfermedades

Con toda seguridad, uno de los mitos de mayor peso en la cultura de los antivacunas. Las vacunas desarrolladas hasta el momento buscan establecer ciertos cambios en el metabolismo, induciéndolos a fortalecerse ante las células que desarrollan las enfermedades o virus.

Muchos consideran que tampoco son necesarias porque se trata de enfermedades que ya han sido erradicadas. Lo cierto es que no todas las enfermedades del mundo han sido ya erradicadas bajo el efecto de las vacunas. Algunas enfermedades se mantienen y se propagan a través de las visitas de personas extranjeras.

Es decir, las enfermedades también viajan. Por eso, es importante utilizar las vacunas para mantener a una población al margen de una enfermedad determinada y garantizar su propagación en lo que se denomina como un “rebaño”.

No son adecuadas para niños pequeños

Otro de los mitos que es falso en su totalidad. Los niños recién nacidos no cuentan todavía con un sistema inmunitario avanzado. Es decir, tienen mayores probabilidades de enfermarse, por lo que es necesario blindarlos con las vacunas.

De acuerdo a estudios clínicos, el uso de las vacunas refuerza su sistema inmunológico, ayudando a que esté maduré. Lo que tú consideras en este momento de tu vida como la madurez inmunológica, o bien, tu capacidad de estar al margen de las enfermedades, representa una evolución que se inició desde que eras niño a través de las primeras vacunas.

Poseen ingredientes nocivos

Este es uno de los mitos antivacunas derivados del elemento timerosal, que es un derivado del mercurio. Y como bien se sabe, el mercurio por naturaleza es tóxico para el ser humano. Sin embargo, el timerosal fue eliminado hace mucho tiempo de la administración de las vacunas.

Otro elemento que también ha sido cuestionado por los antivacunas es el formaldehido. Sin embargo, la presencia de este elemento es 600 veces inferior al mismo umbral de peligro para animales de laboratorio. Por lo mismo, representa un valor “infinitamente” bajo para arriesgar la salud del ser humano.