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NATURALEZA

Los coches eléctricos son mejores incluso con energía del carbón

Hasta ahora los coches eléctricos vienen siendo defendidos fuertemente por distintas organizaciones. Más que todo, han sido alabados por las entidades ecológicas. Así como por las instituciones comprometidas ante el problema del cambio climático. Se estima que son la gran solución al problema que afronta actualmente el planeta.

Sin embargo, existe una teoría que indica lo contrario. Afirma que los coches eléctricos no son la solución efectiva contra el calentamiento climático. Y que su aporte no es tan magistral. Como lo garantizan las empresas que se enfocan en el desarrollo de este producto.

¿Por qué? La teoría en cuestión es conocida con el nombre de “el largo tubo de escape”. La teoría es más conocida en su versión en inglés, como “long tailpipe theory”. Y lo que plantea la teoría es lo siguiente. En ciertos países, la electricidad es producida a través del carbón.

La teoría se entiende desde la perspectiva de una balanza

De modo que la electricidad que se necesita es producida por un mineral.  Que también tiene un impacto sobre el cambio climático. Los defensores de la teoría del largo tubo de escape, afirman entonces que las emisiones que ofrecen los coches que funcionan con hidrocarburos, son comparables a las emisiones que se emiten en la industria de la energía por carbón.

Prácticamente, se coloca en un lado de balanza el nivel de impacto derivado de las emisiones de hidrocarburos. Y en el otro el nivel de energía que debe producirse a través del carbón para suministrar dicha energía en los coches eléctricos.

Los defensores de esta teoría opinan entonces que sí se reducen los niveles de emisiones en los coches eléctricos. Pero el impacto que hace la industria del carbón para obtener energía por carbón genera el mismo daño.

El aporte de la energía mixta en los países

La teoría se justifica aún más.  Dice que los coches eléctricos consumen mucha más energía. Y agotan más recursos que los que debe gastar un coche que funciona con hidrocarburos. Así que según esto, la balanza se inclinaría a favor de los coches tradicionales.

Sin embargo, esta teoría se tumba con dos razones de enorme peso. La primera de ellas tiene que ver con el abastecimiento de energía a nivel mundial.  El cual es producido de manera mixta. Por ejemplo, la energía que se obtiene a través del carbón en los Estados Unidos, representa un 39%.

En Alemania dicho porcentaje se encuentra en un 40,3%. Y en Ucrania, se habla de un 34%. De manera que en estos países, como ocurre en otros del planeta, el porcentaje del 100% se complementa con otras energías. Tales como las energías renovables, el gas natural y plantas de producción nuclear.

Y si un país opera al 100% con plantas de producción a carbón

En el caso de países donde el carbón se convierte en la fuente principal de producción de energía. Los estudios continúan derrumbando la teoría del largo tubo de escape. Y es aquí donde entra en juego la segunda de las razones que tumba esta teoría.

Porque en lo relativo a producción de energía, las plantas de producción son más eficientes que lo que se refleja en los coches. En una planta de producción a carbón el nivel la eficiencia que se obtiene es del 60%. Es decir, se logra desperdiciar un 40%.

En un coche que basa su rendimiento en hidrocarburos, la eficiencia de ese tipo de energía es del 25%. Es decir, existe una pérdida del 75% de la energía con la que trabaja ese tipo de coche. Una pérdida significativa de cara al cambio climático.

¿Comparar coches eléctricos con coches tradicionales?

Por eso, así se tumba la idea que indica que los coches eléctricos necesitan de mayor energía. Y que al contar con mayor energía, se necesitaría que las plantas de carbón tendrían que tener una producción más intensa.

Lo cierto es que desde el punto que se le quiera mirar, la teoría del largo tubo de escape se cae por si sola. La sola idea de que los coches eléctricos consumen más energía que la de un coche tradicional es del todo absurda.