Las pajitas de papel, aún peor que las de plástico

Las pajitas de plástico han pasado a convertirse en un gran problema medioambiental. Y es que vivimos en un momento de la historia de la humanidad donde estamos muy preocupados por el destino del planeta. Y esas pajitas que nos sirven tanto para nuestras bebidas, están en el ojo del huracán.

El motivo es claro: las pajitas representan un recurso cuya utilización acontece una vez, pero cuya vida útil resistirá mucho en el tiempo. El plástico siempre se caracteriza por tener esa virtud. Así que para muchos la opción es acudir a la creación de pajitas de papel.

Para todas aquellas mentes y personas comprometidas con la era medioambientalista, esta solución resulta en apariencia fantástica. Sin embargo, no son una solución. Algunas empresas como McDonald’s o Starbucks acudieron al uso de pajitas de papel. Pero su finalidad es contraproducente para muchos.

Lo que ocurrió con la franquicia de McDonalds

Hace un año, McDonalds decidió erradicar las pajitas de plástico por las desarrolladas en papel. Para sus clientes, esta no fue una decisión acertada, ya que resultaron bastante blandas e influyen en el sabor debido a la descomposición que se presentan en la celulosa.

Pese a la queja de los consumidores, McDonalds decidió continuar fabricando pajitas de papel pero más robustas. Pero, esta solución no fue la óptima, porque dada su robustez, no existe la posibilidad de reciclaje. Algo un tanto similar ocurrió también con la empresa de comidas rápidas Subway.

Los clientes de Subway experimentaron la misma decepción al percibir como las pajitas de papel modificaban el sabor de las bebidas. Es importante recordar que hasta mitad de los años sesenta, las pajitas solían fabricarse con fibras de centeno y diversos materiales orgánicos.

No son tan biodegradables

La tendencia del uso del plástico aconteció por el hecho de ser más económico y sencillo para una industria, que en ese momento necesitaba soluciones a gran escala. Luego, la modificación de las pajitas de plástico, estuvo asociada a la discriminación.

El plástico, al ser flexible, permite que la pajita pueda doblarse con facilidad. Algo que en el caso de las personas discapacitadas o con problemas de movilidad resulta poco oportuno, en el caso de que se usen pajitas demasiado robustas fabricadas a base de materiales de papel.

Por otra parte se discute fuertemente que las pajitas de papel no son tan biodegradables como suelen definirse. Esto se debe a que buena parte de estas, son desarrolladas con altos volúmenes de pulpa de celulosa. Esto con el fin de restarle poder a las propiedades conductivas que posee el papel, que es lo que le permite alargar su tiempo de vida.

¿Y si eliminamos el deseo de beber con pajitas?

Es lo que ocurre en el caso de los periódicos que pueden llegar a tener una vida de muchos meses, por no decir que de años. Y obviamente, si se trabaja con papel, se está aportando a sí mismo a la deforestación. De manera que es una opción para nada inteligente.

El otro dato a tener en cuenta es que el plástico empleado en las pajitas no representa un fenómeno a gran escala. Por ejemplo, el implementado en los Estados Unidos, equivale al 0.025% del consumo anual que se le da al plástico en dicho país. Es un problema serio, sí, pero no tan urgente como el uso que se le está dando al plástico en otros escenarios.

Para algunos expertos medioambientalistas, el problema se encuentra en cuestionar si necesitamos realmente de las pajitas para definir nuestro estilo de vida y nuestro gusto de disfrutar de las bebidas. La mayoría de las bebidas que existen pueden ser consumidas directamente desde el vaso, a excepción de otros productos como lo es el frappuccino, cuya consistencia obliga al uso de la pajita.

De manera que si se cambia de perspectiva y se elimina radicalmente la oferta de pajitas, la reducción del impacto que se tiene de este recurso se minimizaría drásticamente.