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CIENCIA

Hace un año se creó el imán más potente del mundo… pero algo ocurrió

El imán más poderoso del planeta fue dado a conocer el año pasado, en septiembre del 2018. Representó uno de los experimentos de la Universidad de Japón, que más causó revuelo en el mundo científico. Y es que el potencial de este imán era tan enorme, que ostentó la cifra de 1.200 teslas, lo que se traduce a 400 veces más intensa que lo que significa una resonancia magnética.

La mala noticia, es que el mismo laboratorio donde adquirió vida este producto, acabó destruido por el mismo potencial del imán. En esencia, el experimento destrozó al laboratorio, mientras el imán explotó, tal como lo verás en el siguiente vídeo:

¿Cómo lograron los japoneses crear el imán más poderoso del planeta? Existe un diagrama publicado por la misma Universidad de Japón, donde se puede analizar a fondo cómo era la infraestructura del imán. Para este experimento se trabajó con una serie de condensadores. En esta imagen puedes reconocerlos en la zona izquierda, a color blanco.

Estos condensadores tienen la virtud de almacenar hasta 5 megajulios. De modo que la energía derivada de estos condensadores se ve reflejada y flue hacia la misma bobina primaria, que es la que puedes identificar abajo, en la zona izquierda y de color gris.

Una implosión que acontece en 40 microsegundos

Al mismo tiempo, en la bobina primaria se induce una corriente y un campo magnético en su revestimiento. Este revestimiento puedes identificarlo en la imagen por el color naranja. Gracias a toda esta tecnología, se genera una implosión en el revestimiento en un periodo de 40 microsegundos, tal como lo puedes observar en la zona de abajo, en la derecha.

Y es así como se logra alcanzar la potencia de los 1.200 teslas. Sobre el desarrollo de este imán se efectuaron muchas investigaciones. Una de ellas se enfocó precisamente en lo relativo a la compresión de flujo electromagnético, también conocido como EMFC. Con esta compresión, se pudo establecer un campo magnético cuya baja potencia era de 3,2 teslas.

Con el uso de los condensadores, se aumentó dicha calidad de comprensión de flujo electromagnético. Buena parte de las técnicas y conocimientos implementados en este experimento, fue a reflejarse en un artículo publicado en Review of Scientific Instrument. Así, se pudo conocer con claridad cuál fue la estrategia implementada por los investigadores japoneses.

El equipo alcanzó 500 teslas más de lo pronosticado

Al crear la compresión del campo magnético en un área bastante pequeña, esta establece un nivel de carga muy rápida. El problema es que la compresión no puede mantenerse durante mucho tiempo. De modo que es natural, o más bien, apenas lógico que el experimento genere una onda de choque capaz de destrozar al instrumento que contiene la carga.

Los mismos científicos japoneses tenían en claro que esto iba a suceder más temprano que tarde. De hecho, se estimaba que la explosión se desataría en cuanto el equipo llegará a los 700 teslas. Sin embargo, la explosión logró desatarse solo hasta que el imán conquistó los 1.200 teslas. Uno de los investigadores, el señor Takeyama, explica muy sabiamente lo que ofreció este fenómeno.

En sus palabras, lo que sucedió fue fruto de un comportamiento derivado de los electrones. Cuando estos se encuentran fuera de los mismos materiales, es posible identificar su movimiento reactivo. A través de una luz específica  se puede entonces ver el modo de actuar que tienen frente a los dispositivos.

¿Para qué sirve entonces este experimento?

Sí, ¿para qué ha servido establecer este experimento? ¿Para qué sirve haber creado el imán más poderoso del mundo?  Estas son las preguntas clásicas que suele realizarse una persona cuando la ciencia acude a crear “invenciones”, que más que “invenciones” parecen experimentos técnicos para desafiar la realidad y los límites de la imaginación.

Lo cierto es que la creación de este imán no fue la meta principal del experimento. En el momento en que los científicos de la Universidad de Japón decidieron realizar esta prueba, la intención teórica estaba más allá del resultado de obtener el imán más poderoso del mundo.

No crearon dicho imán para divertirse observando como los objetos eran atraídos brutalmente por la fuerza magnética de este mismo. Sino que de antemano, en teoría, los científicos sabían que producirían dicho imán como fruto de ensayar con las fuerzas magnéticas y los condensadores que se utilizarían.

La finalidad de la prueba era medir las consecuencias de los comportamientos entre los condensadores y el resto del equipo. Y de esta prueba, se pudieron decidir aspectos claves sobre el modo en que interactúan los electrones en su estado más drástico.

Un aporte para la creación de dispositivos y nuevas tecnologías

Al conocer los límites que puede alcanzar un electrón de cara a la materia sobre la cual tiene efecto, se abren nuevas alternativas para que los desarrolladores de tecnología utilicen dicho saber en equipos sofisticados y eficientes que no se destrocen al alcanzar índices altos de comportamiento.

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